Los que trabajamos en conservación hacemos la "guerra de guerrillas". Es decir:

HACEMOS LO QUE PODEMOS, CUANDO NOS DEJAN, INTENTANDO CON MUY POCO, HACER DEMASIADO.

D. Ángel Vela, Dr. Parque Alto Tajo

25 de junio de 2017

Incendios forestales: El "experto"

Experto, ta
Del lat. expertus 'experimentado'.
1. adj. Dicho de una persona: Práctica o experimentada en algo.
2. adj. Dicho de una persona: Especializada o con grandes conocimientos en una materia.

Es fácil y habitual, amigos, hablar, escribir sobre incendios forestales, cuando ya están apagados. Yo lo voy a hacer también:

Estos días, tras ver las trágicas consecuencias del fuego de Portugal, de nuevo se alzan las voces de los eruditos, famosetes, gente conocida experta en comunicación, con mucha agilidad con la lengua, algún estudio y poca ceniza en las botas.
Voces que predican las consecuencias del progresivo calentamiento climático, la necesidad de limpiar (arrasar) nuestros bosques, estadísticas, porcentajes, cifras, que a la gente que no puede ocuparse de todo le suenan a catástrofes apocalípticas.

Es muy fácil hablar con el fuego apagado. Todo queda a la vista.

Es el problema que tienen los que se dedican a extinguir solamente. Los bomberos, poco o nada colaboran en la gestión de los montes. Viven en sus parques, en las ciudades, a la espera del aviso, y sin separarse de sus camiones y sus mangueras, apagan el fuego hasta donde llegan. Nunca más allá.
La ventaja de la que gozan, es su popularidad, bien merecida por su buen trabajo en otros entornos, pero no en este que nos ocupa: El monte.
Bien. Decía que gracias a su popularidad, cuando predican, se les escucha con atención. Con admiración. Con devoción incluso. Y no. No amigos.

Es muy fácil llegar, cuando llegan, desenrollar unos metros de manguera, vaciar unos camiones y marcharse saludando al público con la faena a medias en muchas ocasiones.
.
Lo difícil y desconocido es el trabajo de las brigadas y los agentes forestales, manteniendo y construyendo áreas cortafuegos, fajas auxiliares, helisuperficies, balsas, caminos, depósitos, en el monte, allí donde los técnicos planifican, antes del incendio, y no estando en el cuartel a la sombra, con el aire acondicionado.
Y después, cuando ya está controlado el fuego, rematarlo durante días, semanas, a pie de llama, día y noche, para que no se reproduzca, mientras nadie se acuerda de aquel incendio. Eso es lo difícil. Lo que no hacen los bomberos. Ni la UME.

Debemos de tener en cuenta que el fuego es parte del bosque mediterráneo, aquel en el que se producen los incendios. El que suscribe no tiene universidad, ni conoce estudios científicos, ni previsiones matemáticas, obtenidos o aplicados en incendios extinguidos o en su proceso. Sólo un poco de ceniza en las botas y muchos años mirando.

No se puede estudiar el incendio forestal que no se ha producido, ni pronosticarlo. Sencillamente por eso, porque no existe. Sí podemos aventurar su evolución, dentro de lo cambiante de las condiciones del entorno en el que se da. Pero ya volvemos al principio: Tenemos un incendio.

La gestión de los incendios que se realiza desde la administración forestal es integral.
1. Desde la prevención, preparando los montes para que el fuego no se inicie, y si lo hace, progrese con lentitud  quemando menos hectáreas, y facilitando la llegada de los medios.
2. Pasando por la extinción, combinando medios humanos y materiales preparados para llegar a todos los lugares del monte con y sin comunicaciones, con y sin agua, capaces de parar el fuego allí donde se inicia, cuando aun es un conato controlable y no ha hecho daños cuantificables.
3. Terminando con la investigación, averiguando los agentes forestales quién, cómo, cuando y porqué se produjo el incendio y los técnicos evaluando las acciones aplicadas, todo ello para evitarlo o minimizar sus daños en lo posible.

Si dejamos que se encarguen de los incendios forestales los carísimos “extintores”, la gestión estará coja.

Los bomberos y la UME (soldados metidos a bomberos), con sus mediáticos, vistosos y aparatosos camiones lentos, pesados, torpes, dependientes sólo del agua y limitados por la falta de comunicaciones por tierra, casi siempre llegarán al fuego cuando éste ya sea potente y difícil de afrontar. Y eso son hectáreas quemadas y vidas en peligro.

Escuchemos al que sabe. Al que trabaja de principio a fin. Al que lleva desde siempre dedicándose a esto, aunque no mole tanto como un militar o un bombero de calendario.
Apostemos por la gestión integral del fuego, como parte del bosque mediterráneo, llevada a cabo por el personal adecuado, invirtiendo medios humanos y económicos en ella y no sólo en la extinción.

Hacerlo de otra manera, nos saldrá, de hecho ya nos está saliendo, caro en gastos económicos y en hectáreas reducidas a ceniza.
Y no dejemos que nos calienten la cabeza esos melindres, con cifras y estudios que poca gente entiende, por favor.


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