Los que trabajamos en conservación hacemos la "guerra de guerrillas". Es decir:

HACEMOS LO QUE PODEMOS, CUANDO NOS DEJAN, INTENTANDO CON MUY POCO, HACER DEMASIADO.

D. Ángel Vela, Dr. Parque Alto Tajo

30 de septiembre de 2014

El buitre bravo: Faena limpia y salida por la por la puerta grande.

Al contrario de lo que la gran mayoría de los ciudadanos cree, de “lo del medio ambiente” no se encargan las fuerzas de seguridad del estado. Es competencia de las CCAA y la ejercen a través de sus consejerías o departamentos de medio ambiente. ¿Y quién las lleva al territorio? Pues lógicamente los funcionarios de esos departamentos y consejerías.
En el caso de hoy, el de la recogida de fauna silvestre, nos corresponde a los AAFF dar el callo.
Con esto no quiero decir que en alguna ocasión, la guardia civil o la policía, no haya acogido algún animal en mal estado o prófugo en sus instalaciones, fruto de la colaboración ciudadana que se lo ha entregado. Pero me consta que las llamadas telefónicas que reciben con problemas de esta índole, las desvían a los servicios de medio ambiente autonómicos.
Dicho esto, añadiré que me ha tocado recoger, capturar, reducir, rescatar… Todo lo que se os ocurra, con infinidad de bichos en mejor o peor estado, en la más variopinta colección de lugares y situaciones:
Balsas, cunetas, cercados, acequias, tejados, parideras, barrancos, casas, cortados, alambradas, nidos, iglesias, pozos, coches, cuarteles, ayuntamientos, colegios…
Pero como siempre la realidad supera a la ficción y lo que nunca se me pasó por la cabeza, ocurrió este mes.
Desde un pueblo de la provincia de Zaragoza, nos avisan para ir a pillar un buitre. Son los más habituales junto con las cigüeñas en estos territorios. Y nos dicen que está en unos corrales. Bueno. Pues vale. Como otras muchas veces. Quedamos con el ciudadano en un lugar próximo para que nos lleve y a la faena.
Total, que para nuestra sorpresa, el ciudadano nos lleva a la plaza de toros del pueblo y nos abre la puerta grande para entrar al ruedo. Le seguimos extrañados, sorprendidos pero confiados, como si fuera el alguacilillo, hasta que haciendo el paseíllo tras él, nos deja frente a la puerta de toriles.
Con agilidad, el alguacilillo se encarama por una escalinata que asciende junto a la puerta roja y nos dice desde arriba: “Esperad un momento que os abro”.

En ese momento, en la arena, frente a la puerta de toriles cerrada y ante la inminente apertura sin saber lo que podía haber detrás, pero imaginando lo peor, un escalofrío repentino hizo desaparecer toda confianza. Me vi allí cual torero esperando al morlaco aparecer para recibirlo a “porta gayola”, con el problema de que en ese momento no disponía yo de un buen capote para darle un pase de larga cambiada afarolada, rodilla en tierra, Y exclamé:

- ¡¡Uuuuun momento!! ¡¡Quieeeeto!! Nos han mandado a por un buitre. ¿Qué hay detrás de la puerta?
Con gesto sorprendido, el alguacilillo nos responde:
- Los corrales
- ¡¡Ah joder!! 
En ese momento, ya la tensión bajó algún punto.
- Los corrales. ¡¡Los corrales de la plaza!! Vale, vale. Y no habrá algún toro o vaca o algo por el estilo ahí encerrado ¿verdad?
- No, no, tranquilo. Está solo el pájaro.
- Bueeeeeno. Pues abra, abra.

De todas formas, aunque ya una vez recuperada la confianza, la situación volvió a la normalidad, al abrirse la puerta roja de toriles delante de mis narices, aun sentí cierto cosquilleo dorsal perceptible.
Una vez dentro de los corrales, la faena fue limpia y rápida. Acorralé al “morlaco” contra la pared y lo detuve sin mayor problema, volviendo a salir por la puerta grande.
En la actualidad se recupera felizmente en compañía de otros congéneres en las instalaciones que el Gobierno de Aragón destina a estos fines bajo supervisión veterinaria.
Pues eso. Otro cuento para las memorias.

Foto © JUN

Foto © JUN


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