Hace unos años, en un congreso de agentes forestales que se celebró en Murcia, en una de las ponencias o mesa redonda, no recuerdo bien, alguien comparó al agente forestal, con "EL MONJE GUERRERO".
Ese "alguien" es un veterano y prestigioso agente forestal, que goza del respeto del colectivo.
Fuera de contexto no tiene mucho sentido, pero analizándolo y salvando las distancias, alguna comparación sí se puede hacer.
El compañero se refería a la duplicidad del trabajo de los agentes forestales en sus funciones:
- De GESTIÓN (MONJE) de todo lo relacionado con el medio ambiente y las especies que lo pueblan.
- De POLICÍA (GUERRERO) investigando infracciones y persiguiendo a los culpables.
La mano con guante blanco para el cuidado de la flora, la fauna, para la educación ambiental, los trabajos en el monte, en los ríos, en las costas...La mano con puño de hierro y espada para aquellos que contaminan, matan, destruyen, queman, arrasan, sobre-explotan...
Nadie, ningún cuerpo, aúna en un solo funcionario los dos aspectos de la profesión de agente forestal.
Existen colectivos que gestionan, pero no son policías para denunciar infractores.
Existen colectivos de policías, pero ni tienen competencias en gestión ambiental, ni capacidad para hacerlo.
Si bien, en algunas comunidades autónomas, la realidad es otra, la norma general es que las administraciones se desentiendan de sus agentes forestales, ignoren su trabajo y con cierta frecuencia les priven de su doble capacidad de gestor y policía.
¿Por qué será? ¿Qué o quién se beneficia de que al agente forestal se le prive de la espada?
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